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KELLISON JE4 (1958)

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La mejora de los más espectaculares coches de cada momento no es algo nuevo, desde siempre han existido visionarios que han optado por tomar deportivos que ya de por sí presentaban un elevado rendimiento y transformarlos hasta hacer de ellos verdaderas máquinas de correr que en nada se parecían al coche de origen, como el Kellison J4.

 

Este toma algunas piezas del mítico Chevrolet Corvette C2, mecánica y elementos funcionales como la suspensión que recibían, en algunos casos una nueva ubicación y en otros un nuevo tratamiento, aunque claro, lo que más cambiaba era la carrocería, que en el Kellison no dejaba un solo rasgo del Corvette.

James Kellison era un expiloto de combate que se forjó como ingeniero en la Universidad de California y que comenzó una nueva etapa convirtiéndose en un fabricante especializado en carrocerías a las que daba forma utilizando fibra de vidrio, y aunque su trabajo más conocido pasa por ser el Kellison J4-R, dispuso de otros vehículos en su catalogo. Kellison permitía a sus clientes disponer de carrocerías personalizadas y mucho más ligeras que las originales de acero, lo que en definitiva repercutía en mucho sobre las prestaciones, así que sus mayores demandantes eran pilotos de coches de carreras que requerían de una mejor relación peso-potencia para sus monturas. Kellison era muy perfeccionista, y ponía mucho énfasis en los más pequeños detalles, como el enrasado de las puertas o los pasos de ruedas, que daban al final un resultado muy depurado. Además ofrecía sus coches con carrocería coupé o roadster, lo que en realidad daba una idea de querer llegar a más público que el estrictamente corredor de carreras.

La idea que Kellison intentó plasmar no era nueva, pues su compatriota Carroll Shelby ya hacía algo similar con su Cobra montando carrocerías sobre un chasis AC con mecánica americana proporcionada por Ford mediante convenio, y ese era en realidad el objetivo de Kellison, origen e idea similar incorporados sobre chasis y mecánica Corvette, montando sobre estos la carrocería que él había diseñado en 1958, pero la empresa no prosperó.

El Kellison se vendía de manera que se podía adaptar a diversos chasis, con distancias entre ejes que iban desde las 85 hasta las 106 pulgadas, aunque estaba especialmente pensado para el chasis de los Corvette C2, por lo que el Kellison J4-R podía equipar las mecánicas que equipara este mismo, contándose algunas unidades del transformado deportivo con mecánicas de 302 pulgadas cúbicas o dotadas de otras mayores como el motor 347. También recibía la misma transmisión que el coche del que partía, por lo que algunos Kellison montan cajas de cambio automáticas de 3 velocidades Saginaw o transmisiones de 4 velocidades del Corvette.

Si el chasis sobre el que Kellison instalaba las carrocerías J4 eran de Corvette C2, el motor se desplazaba más hacia atrás, buscando un mejor reparto de pesos y por lo tanto un comportamiento más neutro, lo que se sumaba a un peso final mínimo comparado con el del coche original que rondaba los 880 Kg. La relación peso-potencia iba en función tanto del equipamiento del coche como de la mecánica que este equipara. Otros pequeños constructores, como Devin, se especializaron en una re-interpretación de la línea de los Ferrari, pero Kellison fue más allá y dio lugar a un diseño propio que irradiaba personalidad a pesar de basarse en las líneas que estaban en boga en Europa.

Cada una de las carrocerías que Kellison construyó se realizó prácticamente a gusto y petición del cliente, por lo que en realidad no hay dos Kellison J4 iguales, convirtiéndose cada uno de ellos en una pieza única a pesar de seguir unos mismos patrones de diseño. Si el cliente quería reservar un Kellison específico, adaptado a un chasis propio y en el color deseado, debía enviar un dólar que le sería devuelto al formalizar la reserva del coche. Así mismo este método se utilizaba para todo aquel que quisiera información extra, que recibía un catálogo con todas las características del coche a cambio de mandar un dolar que se descontaba de la adquisición del coche.

Tres eran los modelos ofrecidos por Kellison en el J4, el coupé, denominado Gran Turismo, el roadster y el J4-R denominado Monza Coupé en una clara invocación a los míticos deportivos italianos, que era la versión más deportiva que la marca vendía casi lista para competir. Por ello se pueden encontrar algunas unidades que lejos de disponer un cockpit espartano y despojado de lujos, ofrecían un interior trabajado en el mismo material que la carrocería con un diseño personal y unos acabados trabajados por ejemplo en cuero. Kellison, además, vendió algunos J4-R en forma de kit, para que los mismos dueños que los adquirían se los pudiesen montar en su garaje, algo que colmaba las expectativas de muchos jóvenes, pilotos o no, que anhelaban un coche rápido a un precio razonablemente bajo. Este mismo hecho hizo que muchos coches no fuesen realmente terminados, y que sean los Kellison salidos de fábrica los que respetan unos cánones de calidad constructiva más depurados, y a su vez que sea un coche que raramente se puede ver y que por desgracia pasó algo desapercibido por la historia del automóvil, incluso para los mismos americanos.

El constructor americano creó las particulares formas del Kellison J4-R tomando como base las sinuosas formas de los coches italianos del momento, Maserati Birdcage o Ferrari 250 Testarossa entre otros modelos, pero adaptándolas a lo que le permitía el chasis de un Corvette. El resultado son unas líneas tan magnificadas como denostadas, y tiene tantos adeptos como detractores. Su línea de cintura, con curvas que evocan a una mujer tumbada / botella de coca cola, contrastan con un frontal afilado en forma de cuña en cuya parte baja se establece una rejilla de aireación que ocupa prácticamente todo el ancho, muy en la línea del morro de un tiburón. Definido por la marca como la perfecta combinación de prestaciones y belleza, su larguísimo capó daba paso a una célula habitable de pequeñas dimensiones que levantaba tan solo 39 centímetros de altura desde la cintura hasta la línea de techo, por lo que la superficie acristalada era mínima, y terminaba en una zaga perfilada y puntiaguda con unos abultados pasos de rueda que le otorgaban una personalidad muy marcada.

Al no materializarse la idea primigenia de Kellison, este retomó su actividad como piloto e inscribió su J4-R personal en diversas carreras de las que se impuso en un total de 27 antes de venderlo al dueño de una emisora de radio de Louisiana. El coche que Kellison puso a la venta como vehículo terminado y listo para competir era un verdadero coche de carreras realizado sobre la adaptación de un chasis de Corvette C2 reforzado mediante una estructura tubular que montaba el motor de 283 pulgadas cúbicas y alimentación por inyección asociado a un cambio de 4 velocidades.

Resulta curioso ver como la mayor parte de coches de carreras que compartieron época con el Kellison J4-R, como el Shelby Cobra o el Ferrari Testarossa, se han convertido en verdaderos iconos del mercado de coches de coleccionista, alcanzando en las subastas precios astronómicos por no decir impagables, mientras el americano de fibra de vidrio sigue siendo asequible, pues se pueden conseguir unidades de este coche por precios que rondan los 60.000 €, un precio ridículo si se tiene en cuenta que algunos coches de la época se venden en ese precio con dos ceros más a la derecha.

 


MRRC