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BMW M5 (E39 - 1998 / 2003)

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En 1998 BMW presentaba en el salón del automóvil de Ginebra la tercera generación de su berlina más radical tras una ausencia de 3 años en el mercado, y lo hacía incorporándole por primera vez un motor V8 que lo convertiría en uno de los deportivos más deseados del momento, el BMW M5.

Además, y aunque parezca un contrasentido, su precio era excepcional, pues un Mercedes E55 AMG costaba lo mismo y era mucho menos potente, y un Ferrari 456 GT aceleraba casi igual (0’1 segundos menos de 0 a 100Km/h), y costaba el triple.

 

El M5 estaba dotado de un motor de 8 cilindros en V a 90 grados derivado del propulsor M62 y al que se le había subido el cubicaje hasta los 4941 c.c´. Sus 4’9 litros de cubicaje, referidos en muchas ocasiones por la marca como 5'0 Litros aunque eso no es técnicamente cierto, desarrollaban 400 Cv de potencia a 6600 rpm y generaban un par motor de 500 Nm a 3800 rpm, lo que le otorgaba un amplio ratio de uso hasta llegar a la línea roja situada en las 7000 rpm.
Incorporaba el sistema de distribución variable Bi-Vanos de la marca que variaba la incidencia de los árboles de levas sobre las 32 válvulas, y mariposas individuales por cilindro. Este sistema proporcionó ciertos problemas en las primeras unidades que fueron subsanadas en los coches construidos a partir de 1999. El rendimiento proporcionado por este motor atmosférico se situaba en 81,6 Cv/L.
La potencia se transmitía al eje trasero, dotado de diferencial autoblocante tarado al 25%, a través de una caja de cambios manual de 6 velocidades de origen Getrag que provenía del 540i pero reforzada para soportar las mayores embestidas del V8 del M5. Se convirtió en la berlina más rápida del mundo cuando hizo su aparición, a pesar de su limitador electrónico que impedía seguir progresando cuando el velocímetro marcaba los 270 Km/h, (250 reales), y de que su motor seguía pidiendo chicha.
En unas pruebas internas de BMW en el anillo de velocidad de Nardo, algunas unidades del M5 sin limitador llegaron hasta los 307 Km/h. Su capacidad de aceleración no era menos sorprendente, pues el M5 E39 se podía poner a 100 Km/h en solo 4'8 segundos según cifras oficiales aunque se sabe de cierto que algunos medios de comunicación habían conseguido registros de hasta 4'5 segundos.
El chasis del M5 era heredado de la gama E39 con ciertos retoques para reforzar las zonas sometidas a más esfuerzo. Conservaba el esquema de suspensión McPherson en el eje delantero y multibrazo en el trasero igual que los otros modelos de su gama pero se redujo la altura libre al suelo en 23 mm y se le endureció el tarado para dotarlo de mayor estabilidad, sobre todo en curvas. Para abordarlas se montó en el M5 un sistema de dirección asistida “Servotrónic” que variaba su dureza en función de la velocidad a la que se circulaba y cambiaba el tacto si se pulsaba el botón “Sport” del salpicadero.
El M5 estaba construido en acero y arrojaba 1720 Kg a la balanza, dejando una relación peso-potencia de 4,3 Kg/Cv, muy baja para tratarse de una berlina. El M5 era, para el que no conocía, un serie 5 más, pues en Motorsport buscaron huir de estridencias, y solo un diminuto alerón sobre el capó del maletero, retrovisores más aerodinámicos o boca de refrigeración frontal un poco más grande sobre paragolpes tanto delantero como trasero de mayores dimensiones eran detalles menores. Quizá se vieran más las cuatro salidas de escape, las llantas de 18” o los anagramas M5 discretamente distribuidos por el exterior del coche.

El paso de los meses trajo cambios al M5, unos menores y otros más relevantes como la incorporación de los faros “Angel eyes” que iluminaban la circunferencia exterior de estos y que vinieron con un pequeño restyling en el año 2000 en el que también se ensancharon los riñones frontales y se remozó toda la parte baja del morro además de otros detalles estéticos y la solución de todos los problemas que presentaron algunas de las primeras unidades en la mecánica.
También se conoce que se planteó la posibilidad de lanzar una versión Touring, familiar, del M5, y del cual se llegó a producir una unidad que mora en manos de Motorsport, pero tal posibilidad se deshechó por motivos de amortización.
El M5 era, según los que lo probaron, un deportivo disfrazado de berlina de 4 puertas, pues su modo de acelerar (0 a 100 en menos de 5 segundos) y de frenar así lo demuestran, además de comerse las curvas como si fuera un GTI. Además, para los más arriesgados, el DSC era desconectable.
Esto se daba gracias a un cambio de 6 velocidades de origen Getrag, de tacto preciso y agradable y con unas relaciones muy bien escogidas que ensalzaban aún más el carácter deportivo de este coche. Dentro lujo y máximo equipamiento hacían del M5 un coche agradable donde el confort no es desvalorizado frente a la deportividad.
Clima, madera “de verdad”, pantalla multifunción, asientos tapizados en napa, todo para que los pasajeros disfruten del interior mientras el conductor disfruta del exterior. El M5 estaba dotado de todos los avances en seguridad de aquel momento, DSC, 8 airbags, todo se incluía en el precio, menos, curiosamente, los triángulos de seguridad, que BMW hacia pagar a parte.
Del M5 E39 se construyeron de 1998 a 2003 un total de 20482 unidades siendo el primero de la saga M5 que no se construyó de forma manual en las instalaciones de Motorsport GMBH, sino que salía de la misma línea de producción en la fábrica de BMW de Dingolfing de la que salía el resto de la serie 5. Como nota diremos que este modelo estuvo a punto de no ser construido jamás, pues los responsables de BMW creían que la versión 540i de 286 Cv era más que suficiente, pero al lanzar Mercedes el E55 AMG, BMW se vio obligada a responder.
Y si con todo lo dicho aún dudamos de si era el mejor coche del mundo del momento, en la consola central se situaba un botón que rezaba “Sport” y que al ser pulsado, aumentaba la capacidad de respuesta del motor al acelerador y hacía más precisa y rápida la dirección.
El BMW M5 se ganó en su momento un título curioso, el de mejor coche del mundo por los probadores de los medios de comunicación. Prestaciones excepcionales, elevados niveles de seguridad o confort tanto en rodaje como en el interior y una calidad sobresaliente se aunaban en este coche para hacer sublime lo que ya era entonces casi perfecto.

En este video Tiff Needell, ex-piloto, prueba el M5 E39 entre derrapes y humaredas