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CATERHAM Seven R500 (2008)

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En 1957 Colin Chapman, fundador de Lotus, lanzó un coche que se caracterizaba por su reducido peso, el Lotus Super Seven, un coche que se ha mantenido hasta la actualidad sin prácticamente recibir modificaciones en los Caterham y cuyo represemntante más radical es el Caterham R500 Superlight.

Caterham R500 por SUPERSLOT

Corría 1973 cuando la pequeña empresa británica compró los derechos de fabricación del Super Seven, y a día de hoy mantiene las mismas líneas en su carrocería y la misma filosofía, bajo peso para su potencia y ayudas a la conducción cero, e incluso conserva el mismo siete que aquel lucía en la parrilla.

Su representante más radical se presentaba en mayo de 2008 y el por qué de su filosofía, y el de cualquiera de los Caterham, hay que buscarlo en su creador original. Chapman siempre basaba las prestaciones de sus coches en un peso muy reducido, lo que le permitía llevar las prestaciones de sus coches más allá con mecánicas modestas. Hoy el Caterham es, seguramente, el máximo representante de la filosofía Chapman.

Este sorprendente coche está impulsado al igual que todos los Caterham por un propulsor de origen Ford, concretamente de la familia de los Duratec, un 4 cilindros en línea de aspiración atmosférica que con 2'0 litros de cilindrada que han montado coches como el Mondeo, pero que en el Caterham es capaz de desarrollar nada menos que 263 Cv de potencia a 8500 rpm. Cubica exactamente 1999 c.c. Y proporciona un par máximo de 240 Nm a 7200 rpm, lo que hace pensar que esta mecánica quiere ir alegre de ritmo. El par se transmite a través de una caja de cambios manual aunque en opción se puede equipar una caja de cambios secuencial de origen Quaife también de 6 velocidades que sin embargo no se maneja desde unas levas tras el volante sino desde la palanca situada en el túnel central. En cualquier caso estas transmiten el giro al eje trasero que dispone de diferencial autoblocante de tipo mecánico.

Su ligero chasis Pesa 506 Kg en total, que son 10 Kg más si equipa cambio secuencial, y se basa en el modelo estrecho de batalla larga. Del Caterham existe una versión de competición, el C400, que se utiliza mayoritariamente en carreras de tipo monomarca, en las que diversos “gentlemen” se disputan la victoria mientras dominan las reacciones salvajes de su montura. En este modelo se ha basado todo el esquema de suspensión, de dobles triángulos superpuestos en las cuatro ruedas con brazos aerodinámicos, por lo que el eje trasero adopta también una suspensión independiente, siendo en la mayor parte de los modelos semi-independiente de tipo De-Dion. El R500 equipa amortiguadores Bilstein regulables y se puede acabar de afinar con una suspensión más dura que viene a complementarlos opcionalmente. Incorpora unas nuevas llantas de 13 pulgadas que equipan de serie neumáticos semi-slick de la marca británica Avon modelo CR500, y el sistema de freno incorpora discos en las cuatro ruedas, mordidos los delanteros por pinzas de cuatro pistones y de dos los traseros, aunque sin ningún tipo de asistente para anti bloqueo.

Dispone, aunque en opción, de “Launch Control”, un sistema electrónico que maximiza el poder de salida desde parado y permite aceleraciones fulgurantes rebajando en varias centésimas el lanzamiento “manual”. Este dispone de hasta ocho posiciones, en la que el número más alto es el que da mayor efectividad. Así este cohete es capaz de ridiculizar a la mayor parte de superdeportivos del mercado al acelerar de 0 a 100 Km/h en ¡¡menos de 3 segundos!!. En concreto la cifra se queda en 2'88 segundos según la marca, una cifra que casi roza la competición. Esto es gracias a una relación peso-potencia muy reducida que se queda en tan solo 1,92 Kg/Cv, siendo esta cifra una de las más bajas exhibida por un coche que se puede comprar. La velocidad punta se queda en 241 Km/h, que sin ser una cifra baja ya no es tan impresionante como la de aceleración, y se ve claramente perjudicado por su aerodinámica, digamos que, inexistente. Claro que con imaginarse sentado en esta bañera con ruedas a esa velocidad ya es suficientemente excitante.

En Caterham siempre han bautizado a sus coches con un número que tenga que ver con sus cifras mecánicas, habitualmente la potencia redondeando la cifra, aunque resulta obvio que este coche no dispone 500 Cv. ¿Se referirá pues esta cifra a los Cv por Kg que exhibe? Esta cifra, que es el modo de medir la relación peso-potencia en muchos países, se queda en el R500 Superlight en 520 Cv por tonelada, es decir, que equivale a que su potencia fuera de 520 Cv para mover 1000 Kg de peso.

En sus formas exteriores, obsoletas para algunos, cautivadoras para muchos, se conservan las líneas del Super Seven, un morro largo y estrecho con los faros acoplados en alto a los lados y las ruedas por fuera cubiertas por los pequeños guardabarros. En el R500 además se añade una toma de admisión directa construida en fibra de carbono de forma opcional. Tras esto se llega al habitáculo, que queda ya en la parte trasera del coche de modo que los dos únicos asientos disponibles están situados sobre el eje trasero, a cuyos lados se acoplan los guardabarros que cubren las ruedas traseras. Un arco de seguridad soldado al chasis y el hueco trasero terminan el coche. No hay puertas, sino un rebaje en la carrocería que hay que sortear para entrar y salir, por lo que hay que estar mínimamente ágil para tomar asiento en uno de estos, y no existe posibilidad de circular con el techo puesto porque este elemento ni siquiera se contempla entre las opciones. Esto era un Lotus Super Seven y es ahora un Caterham Seven en cualquiera de sus versiones, pues las diferencias estéticas entre modelos se limitan a apliques, llantas y decoraciones. El R500 presenta en el lado derecho la línea de escape en 4 a 1, pasando esta por la parte baja del lateral, lo que comporta dos inconvenientes para la plaza de ese lado, el calor que desprende el silencioso y el peligro de quemarse con él por su posición.

En el interior no hay nada que pueda aportar gramos de más, de eso se ocuparán sus ocupantes, presentándose de forma espartana y falto de cualquier comodidad. El cuadro de instrumentos está compuesto, al contrario que en los modelos inferiores, por una pantalla al más puro estilo de la competición, cuya parte superior aloja el cuentarrevoluciones y debajo del cual una pequeña pantalla muestra otras lecturas importantes como la velocidad o temperatura del agua. Por delante de esto, un volante Momo de diámetro mínimo, acompañado a los lados de diversos botones que activan las pocas cosas que funcionan de forma automática en este coche, como los faros o los limpiaparabrisas, todo ello sobre mucho aplique en fibra de carbono. No hay aire acondicionado ni ventanillas dada la ausencia de puertas, pero si que hay una placa con el número que identifica al coche y como lujo destacable se puede decir que tiene sistema de arranque sin llave.

Una vez que uno ha conseguido colocar las posaderas a ras de suelo en el pequeño cubículo que representa su asiento de tipo backett fabricado en Kevlar, la postura es muy similar a la de un monoplaza, con las piernas estiradas y los pedales muy juntos. Este coche hay que conducirlo con el calzado adecuado si no se quieren pisar dos pedales a la vez. Por cierto, que el único reglaje que permite el asiento es el longitudinal, pero en fábrica lo ajustan para la medida de su conductor. Entre los asientos está el túnel central, que separa literalmente al piloto del copiloto y hace muy estrecho el habitáculo. Una vez terminado el disfrute hay que salir, una operación ciertamente dificultosa que se complica para el acompañante, que deberá ir con cuidado al sacar la pierna del habitáculo para no tocar el silenciador, que está justo donde uno irá a colocar el primer pie. El maletero, ridículo por medidas, no dispone de tapa, sino que una lona enganchada con corchetes cubrirá los bultos que en él queramos colocar. Cualquier Caterham, y quizás más este modelo R500, es un coche de capricho, su practicidad es nula, pero es que está diseñado para divertirse, no para llevar a los niños al cole.

Y ahora viene una de las mayores sorpresas, pues después de escuchar sus prestaciones, sobre todo en aceleración, uno puede pensar que sumándole la exclusividad, el Caterham se dispare y más en su versión más potente, pero no es exactamente así. Este quemarruedas tiene un precio de 37.000 Libras, que equivalen a algo más de 46.000 € a parte impuestos, y goza de un mantenimiento muy asequible, pues las revisiones rutinarias se espacian en 20.000 Km y cada una cuesta sobre los 180 €, un precio irrisorio, sobre todo si se compara con el de deportivos que, a la postre, solo pueden oler, y de lejos, la goma que el Caterham deja en el suelo.

 

 


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