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ABARTH 500 C (2010)

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Si al 500 se le sustituye el techo de metal por uno de lona que permita ver el cielo en marcha, la cosa roza lo sublime, y si al mismo coche lo pasamos por las manos del preparador Abarth, tendremos un coqueto deportivo, pero ¿que tal mezclar ambas cosas?. Pues resulta en el Abarth 500 C.

 

Solo empezar el verano, el 26 de junio de 2010, se presentaba oficialmente al pequeño 500 C tras recibir la picadura del escorpión de Abarth, lo que ha afectado tanto a la estética como al comportamiento del pequeño de los Fiat, aunque sin perder ni un ápice de su encanto original.

Así el Abarth 500 C toma de su homologo en Fiat toda su estructura de carrocería, con el techo de lona que se repliega sobre los montantes pero no se abre completamente, de ahí la C en el nombre, que no significa Cabrio sino Convertible. Esto es porque los montantes laterales no desaparecen con la capota sino que quedan fijos en su lugar, y esto presenta sus cosas malas y sus cosas buenas. Un problema es que en su interior, una vez circulando, no se perciben exactamente las mismas sensaciones que en un descapotable “de verdad”, aunque para que estas sean prácticamente idénticas basta con abrir las ventanillas además del techo.

Por otro lado están las ventajas, que empiezan por el mismo punto, pues si se cierran las ventanillas se puede viajar a cielo abierto a una velocidad sostenida de 140 Km/h sin que el viento llegue a ser realmente molesto. La pérdida del techo significa para muchos cabrios pequeños una pérdida significativa de la rigidez de la carrocería, que está sometida a mayores esfuerzos de torsión sobre todo en conducción deportiva. Esto se compensa colocando refuerzos en el chasis que impiden que este se retuerza ante los esfuerzos, pero se paga con un peso elevado que en muchas ocasiones supera al del mismo coche con techo rígido. Al mantener los montantes es muy poca la rigidez perdida con la sustitución del techo de metal por el de tela, y esto al Abarth 500 C le viene de perlas, lo que se suma a un peso más contenido, quedándose la cifra en solo 1050 Kg.

Para pasar de tener una lona a un cielo por techo, basta pulsar un botón sito en el marco del parabrisas, en su parte central. Acto seguido la capota empieza a deslizarse hacia atrás como si de un techo corredizo se tratara, y uno la puede detener en cualquier punto de su trayecto, que va hasta la media altura de la luneta trasera, lo que limita de forma notable la visibilidad trasera del conductor porque el techo plegado queda justo en el campo de visión. Así tenemos una primera diferencia con el 500 C, que solo permite abrir la capota en dos posiciones fijas, la intermedia que descubre las plazas delanteras y la que deja el coche completamente descubierto. En el Abarth la capota se puede accionar con el coche en marcha siempre que no se superen los 60 Km/h.

La mecánica del 500 C Abarth se ve algo modificada y de su motor de 1,4 litros T-Jet de 16 válvulas emanan 5 Cv más que en el de la versión cerrada dejando la cifra en 140 Cv a 5500 rpm, y aunque la cifra de par se mantiene en los mismos 206 Nm, esta se da a 2000 rpm en lugar de a 3000 como en el modelo cerrado. Esto aumenta el agrado de conducción del Abarth 500 C con respecto de su hermano de techo rígido.

Para los que desean un plus de deportividad, e igual que en el modelo cerrado, el Abarth 500 C dispone en la consola central el botón “Sport”, que interviene en la electrónica modificando algunos parámetros, como los controles de estabilidad o tracción, además de endureciendo la dirección asistida, varía la presión de soplado del turbo cambiando la respuesta del motor a partir de medio régimen de giro, (así es como se consigue la cifra de par máximo), o hace más viva la respuesta del acelerador. De algún modo, es como tener dos coches en uno. A conducir de un modo más agresivo o más light contribuye también el sistema GSI (Gear Shift Indicator), un indicador sito en el cuadro de mandos que indica el momento recomendado de insertar otra marcha para optimizar el consumo o las prestaciones según el programa de cambio elegido o si está pulsado el botón Sport.

A elevar el agrado de conducción contribuye más que la mecánica la nueva caja de cambios que estrena este modelo. Se trata de un cambio de 5 velocidades denominado “Abarth Competicion” cuya estructura interna es igual a la de una caja de cambios manual (de hecho es la misma que monta el Abarth 500), pero en la que los engranajes se realizan por medio de sistemas automáticos y un embrague pilotado, de modo que no se necesita el pedal de embrague. Esta caja dispone de varios modos de funcionamiento, uno totalmente automático y otro que es totalmente manual. Para este último modo hay que cambiar de marcha utilizando las levas que están situadas tras el volante y que giran solidarias con este, igual que en los volantes de Formula 1, pues no hay palanca de cambios en el salpicadero. En su lugar una serie de botones permite escoger el modo de uso del cambio.

La particularidad de que las levas se muevan con el volante hace que en conducción rápida queden siempre muy a mano, pero que sin embargo en las curvas más lentas, en las que hay que girar mucho el volante y variar la posición de las manos con respecto de este, se complique la cosa para encontrarlas. Otra cosa a la que hay que acostumbrarse es a la de realizar maniobras de aparcamiento en línea. La ausencia de palanca sustituida por botones hace extraños los movimientos hasta que se le coge el tranquilo. Como dato curioso, este sistema no es una novedad absoluta, pues Abarth ya comercializó un cambio con mandos en el volante para el Fiat Topolino allá por 1949.

El comportamiento del 500 C Abarth es tan deportivo como el de su homologo cerrado, se aguanta en las curvas y corre mucho en las rectas. Esto es gracias a su sistema de suspensión, bastante duro, ideal para conducir deportivamente y fatídico para los riñones en el día a día. A este buen comportamiento contribuye el TTC, un sistema electrónico que imita mediante el frenado de las ruedas delanteras el funcionamiento de un diferencial autoblocante. Comparte con el 500 Abarth el esquema de suspensión tanto delante como detrás y el de frenado, manteniendo los discos ventilados de 284 mm delante y los macizos de 240 mm detrás, que se muestran suficientes para detener al 500 C.

Con respecto del 500 C, del que adopta la parte estética, el Abarth recibe, así como el Abarth 500 cerrado, un nuevo paragolpes frontal tras el que se oculta el intercooler que refrigera al turbo. Este, además de aportar anchura al morro, da un toque agresivo gracias a la toma de aire y al spliter que se sitúa a ras de suelo. Las diferencias prosiguen en los laterales, donde unos aletines dan forma a la parte baja de la carrocería y ya al llegar a la parte trasera se puede observar un falso difusor que acentúa el carácter deportivo al que se suma una salida de escape situada a cada lado del mismo mientras en la parte superior la tercera luz de freno estás encastrada en un alerón que se mueve con el techo de lona.

Para hacer más personal aún al Abarth 500 C, la marca pone a disposición de los usuarios los colores base de la firma, rojo, blanco, gris, pero para los más osados también hay a su disposición dos composiciones bicolor, una en blanco y negro y la otra en dos tonos de gris distintos, separados en la línea de cintura por una fina raya que hace que se distingan aún más. A ello se pueden sumar otros detalles de equipamiento previo pago, claro.

El Abarth 500 C se desmarca un poco de la competencia, resultando mucho más caro que los Abarth 500 y Fiat 500 C, coches de los que deriva, aunque en parte este sobreprecio está justificado por un equipamiento bastante completo. No son demasiados los rivales del 500 C por tamaño y potencia, quizás el Mini Cooper Cabrio de 122 Cv, que resulta 3000 € más caro o el Renault Wind de 133 Cv, que aunque algo más barato y con techo duro plegable está limitado por sus dos únicas plazas. Solo el Peugeot 207 CC 1'6 THP de 156 Cv le hace sombra al presentar 4 plazas, aunque las traseras nimias, más potencia y un precio parecido. Puestos a rebuscar hay otras opciones, pero se disparan en mucho si se comparan las cifras a desembolsar.

Así que, si uno se quiere diferenciar aún más que con el 500 C de Fiat y no le hace ascos a una conducción más alegre que la que permite el coche base, el Abarth 500 C es una opción más que recomendable mientras llega la versión “essesse” que traerá, además de algún cambio estético, unos cuantos Cv añadidos y aún un toque extra de deportividad.

 

 


NSR Abarth 500 Asetto Corse


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