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McLAREN F1 (1990)

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Ron Dennis y Mansour Ojjeh, dueños máximos de la marca McLaren en los 80, tenían la idea de realizar un supercoche con el que mostrar al mundo su capacidad tecnológica y creativa, un coche que se terminara convirtiendo en un referente deportivo en la calle, el que sería el McLaren F1.

 

McLaren F1 Art-car por NINCO

Y que feliz coincidencia, precisamente Gordon Murray, ingeniero jefe de McLaren, decide que quiere alejarse de los monoplazas un tiempo después de la temporada de 1988 de F1, comunicándoselo así a sus superiores que le propusieron el desarrollo de su nueva máquina para la calle.

Murray lo tuvo muy claro desde el principio: había que crear un vehiculo con la tecnología de la Formula 1 pero al servicio del placer de conducir, un F1 de diario y para toda la vida. Peter Stevens, diseñador de algunos de los Lotus de la época será el estilista, y su reto es diseñar un vehículo de altas prestaciones que reúna todo lo bueno de los demás y en el que quepan además dos maletas.

Al principio el F1 tenía que llevar un motor V6 biturbo de origen Honda y domesticado para la ocasión, pero la ruptura de las relaciones entre ambas firmas provocó que se desechara la idea y se optara por un motor V12 de origen BMW con cuatro árboles de levas, 6064 c.c. y 627 Cv de potencia a 7500 rpm. La inyección electrónica fue desarrollada por TAG y BMW para este coche. El motor se refrigera mediante una toma de aire superior y dos laterales en las puertas. El capó motor tiene un recubrimiento interior de lámina de oro que facilita la disipación del calor del vano motor. Se estima que se utilizaron unos 25 gramos de oro en cada una de las unidades fabricadas. Viniendo de la experiencia de Formula 1, el chasis es un núcleo monolítico en panal de abeja de aluminio revestido de Kevlar y fibra de carbono al que se le ha unido la parte delantera desmontable. La carrocería también está construida en materiales compositos, lo que da un peso final de solo 1138 Kg en orden de marcha, pero cuya capacidad de tracción es superior a la del acero.

En el interior llama la atención que el asiento del conductor está centrado, un poco adelantado con respecto de los otros dos (si, dos), asientos, que están situados a ambos lados de este. El F1 es un triplaza que parece un caza. Como curiosidad, el asiento del conductor lleva un respaldo de flexibilidad progresiva que evita al piloto sentir que se hunde cuando acelera. Y es que el McLaren se pone a 100 en solo 3’3 seg. y a 160 Km/h en 6’8.

Por cuestiones aerodinámicas, las ventanillas solo se abren hasta la mitad, pero gracias a la gran superficie acristalada no se hace claustrofóbico. Además, está equipado con todo tipo de lujos para la época. Entre otros detalles deportivos, lleva un volante Momo de piel vuelta y cinturón de seguridad tipo arnés. El habitáculo está aislado del motor por medio de un cristal de materiales procedentes de la aeronáutica, y se dice que en el interior se puede conversar sin gritar a velocidades innombrables.

El F1 era el supercoche más corto de la época, con 4288 mm de longitud, lo que no penalizaba su aerodinámica ni estabilidad. Las puertas se abrían hacia arriba en un ángulo de 45 grados, según Peter Stevens, porque quedaban integradas en la línea del coche aun estando abiertas. Curiosamente, entre los faros y el habitáculo, Stevens consiguió crear un hueco suficiente para dos maletas considerables.

Del McLaren F1 se creó también una versión de competición, el F1 GTR, con la zaga estirada para ganar aún más en estabilidad y con un motor modificado de 720 Cv de potencia. Hoy el McLaren F1 sigue siendo uno de los referentes en lo que a superdeportivos de ensueño se refiere, y hasta 2005 fué el coche más rápido del mundo. Estaba previsto fabricar 300 unidades, pero por lo visto solo se fabricaron 100, 64 de ellos de calle.