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FIAT 500C (2010)

El Fiat 500 que la marca italiana lanzaba en 2008 es de por si un coche con mucho encanto, pero se riza el rizo si se le añade la posibilidad de conducirlo con el cielo por techo, y eso es precisamente lo que Fiat pone a disposición en la versión abierta de su modelo más personal, el Fiat 500C.
Gracias a la colaboración de Turiauto, concesionario Fiat, Alfa Romeo y Lancia, hemos podido acercarnos más a un vehículo que, además, comporta un significado muy especial para el equipo de Autosportplus.es, pues representa el coche número 500 dentro de nuestra base de datos.
Si en 1957 Fiat lanzaba el mítico Cinquecento, un coche utilitario que se hizo un rincón en el corazón de muchos aficionados al automóvil, en 2008 repetía la misma gesta al recuperar las líneas maestras de aquel mítico
vehículo y traerlas al presente en forma igualmente de coche utilitario pero con las ventajas de nacer en el día de hoy. Que los clásicos vuelven es algo que no se puede negar, y que uno de los que rompe es el Fiat 500 es también una evidencia, pero la marca italiana ha ido más allá de presentar un remake y pretende sacarle todo el jugo, por lo que de cara al verano de 2010 lanzó la versión descapotable, tal como hiciera hace décadas con su utilitario. Está disponible desde abril a partir de unos 14.000 € con lo que resulta en uno de los coches sin techo más económicos que se venden en España, claro que también hay que añadir que es de los coches más pequeños del mercado, pero el precio se puede modificar tanto como lo permita el bolsillo.
El 500 conserva las mecánicas de su hermano cerrado, con potencias que se mueven desde los 69 hasta los 100 Cv en cuatro niveles de potencia repartidos en tres cilindradas, dos de ellas alimentadas con gasolina y las otras dos con gasóleo. Los motores Diesel son en ambos casos de 4 cilindros en línea alimentados mediante inyección directa Multijet por rail común y cubican 1248 c.c., y aunque por lógica deberían ser calificados como 1'2, Fiat los vende como 1'3 Litros. Los dos niveles de potencia son de 75 Cv a 4000 rpm y de 95 Cv también a 4000 rpm,
mientras los niveles de par se colocan en 145 Nm a 1500 rpm el motor menos potente y de 200 Nm a 1500 rpm en el motor de más entrega. Es decir, que aunque el motor sea el mismo en ambos casos, la diferencia radica en la sobrealimentación, que se realiza mediante un turbocompresor en ambos motores pero de geometría fija en el de 75 Cv y variable en el de 100 Cv. Pero además este último se perfila como la opción más razonable de las dos, pues a la potencia y par de más, que siempre reportará mayor placer de conducción y agrado en viajes largos, se añade un sistema “Start&Stop” que reduce la cifra de consumo mixto homologada a tan solo 3'9 litros cada 100 Km.
Las mecánicas de gasolina si difieren entre ellas, pues los bloques son distintos. El motor menos potente de la gama es un 1'2 Litros con 1242 c.c. cuya culata monta 2 válvulas por cilindro. Como el resto de los motores está compuesto de 4 cilindros y al igual que el otro motor de gasolina se alimenta mediante inyección electrónica indirecta. Son 69 Cv los que proporciona esta mecánica a 5500 rpm, con un par máximo de 102 Nm a 3000 rpm. El extremo opuesto, es decir, el más potente de los motores de la gama, es la otra opción de gasolina, un 1'4 Litros de 100 Cv con culata de 16 válvulas y doble árbol de levas en cabeza. Desarrolla la potencia máxima a 6000 rpm y ofrece un par máximo de 131 Nm a 4250 rpm, suficientes para hacer de este utilitario un modelo muy agradable y divertido de conducir. Todas las mecánicas van asociadas a una caja de cambios manual de 5 velocidades menos el motor de 1368 c.c., el más potente, que se acopla a una caja de cambios de 6 velocidades con manejo manual. De todos modos, los motores alimentados con gasolina se pueden adquirir con la caja de cambios automática de 6 velocidades Dualogic, opción no disponible para las mecánicas diesel.
El 500C no es un coche deportivo, lo demuestra el hecho de que su chasis no traga con demasiado buen gusto las carreteras bacheadas a ritmo fuerte. La suspensión delantera resulta algo blanda y a pesar de que se ha incorporado una barra estabilizadora que pasa por dentro del brazo semi-rígido trasero con el fin de contener los balanceos de la carrocería y ablandar la suspensión para proporcionar una mejor absorción de los baches, el esquema semi-independiente de brazo tirado sobre puente que comparte con el resto de los 500 sigue siendo algo duro y rebotón. De todos modos, para conseguir ese toque deportivo, Fiat ha preferido confiar en Abarth que en junio de 2010 lanzaba su Abarth 500C, mucho más enfocado a la conducción deportiva. La dirección asistida, de tipo eléctrico, mantiene el botón “City” en el salpicadero, que permite realizar maniobras como estacionar prácticamente con un solo dedo, y a la vez disfrutar de algo más de tacto en carretera al ser este más duro. Las ruedas dependerán de la llanta que se escoja, pues existe un buen número de modelos para elegir de hasta 16 pulgadas, que además variarán la medida de la rueda y le aportarán un aspecto más racing o elegante o, simplemente, discreto.
Al entrar al concesionario, el 500C destaca, junto a su hermano cerrado, de entre el resto de los modelos de la marca. Es cruzar la puerta de Turiauto y nuestros ojos, inconscientemente, buscan un 500 en el que posarse, y una vez localizado una sonrisa se nos dibuja en la cara. El 500 es un coche que no conoce de clases sociales, de edades ni de sexos. Le queda tan bien a un ejecutivo acorbatado como a una abuela que va camino de hacer su gimnasia sueca. Al señor mayor que va a recoger a los nietos y a la mujer adinerada que llega al club de tenis. Nadie mirará con extrañeza a alguien que se apea de un 500, aunque si posiblemente con envidia. Y esta aumentará exponencialmente si el modelo es el 500C. Es atractivo, divertido, en definitiva, diferente, y hace diferente también al que lo lleva... por mucho menos de lo que cuesta un Aston Martin.
Coqueto, llamativo, informal, elegante, el que escribe no conoce a nadie a quien no le guste este coche. Recupera las líneas del Fiat 500 de 1957 y así como el modelo cabrio de entonces conserva el mismo encanto. En su línea se ve un diseño retro y actual a la vez, algo que otros fabricantes han intentado y al final no han conseguido al tener que modificar en exceso el diseño original haciendo del modelo actual una caricatura del antiguo. Esto no sucede en el 500C. Sus proporciones han crecido, obviamente, pero el aire antiguo se mantiene intacto aunque con ese toque de modernidad, o viceversa. El Fiat 500C se convierte, con sus 3'55 metros de longitud, en el coche descapotable de cuatro plazas más pequeño del mercado. La C que el 500 descapotable incorpora en el nombre no significa Cabrio como muchos suponen, sino “Convertible”, pues recupera el descapotado de los coches de los 50 de tamaño reducido como el 2Cv o el propio 500 de la época debido a que los montantes de la carrocería son fijos y no desmontables. Esto comporta una menor pérdida de
rigidez por la ausencia de techo, verdadero talón de Aquiles de los Cabrios pequeños, y a la par recupera la imagen del 500 antiguo, que igual que el moderno, replegaba el techo de tela sobre los montantes laterales. El hecho de montar el techo de lona hace que sea obvio pensar que el aislamiento acústico en el interior del 500 C no será el de un coche de techo cerrado, por lo que es posible que el viento se oiga más de lo habitual en conducción. Por otro lado, al retirar la capota se levanta un deflector sobre el parabrisas delantero que desvía en cierta medida la corriente de aire. Está disponible un segundo cortavientos en opción que se coloca en la parte trasera y que está pensado para evitar las turbulencias. Este coche está disponible, al menos por el momento, en tres colores, rojo, negro y marfil, aunque una vez escogido el color final se puede personalizar a base de números, inscripciones, bandas, etc... Si se pretende más exclusividad existe la serie 500C by Diesel, diseñado en colaboración con este fabricante de ropa y pintado en un específico color “azul medianoche indigo”.
El techo de lona, única diferencia aparente con las versiones cerradas del 500, tiene dos modos de apertura accionables con el coche en marcha siempre que no se superen los 60 Km/h. En un primer movimiento que dura 15 segundos, el techo se pliega hasta las plazas traseras, al estilo de un techo corredizo. En un segundo movimiento que requiere de 10 segundos más, el techo de lona se repliega completamente sobre la tapa del maletero, allí donde debiera estar la luneta trasera, por lo que si se abre el techo del 500 C se pierde la visibilidad por el espejo central, una pega que hereda del modelo más antiguo. Lo hace de forma que la tercera luz de freno, que se sitúa en el techo de lona, quede en una posición visible dispuesta en uno de los pliegues en cumplimiento de la normativa vigente, pero anula por completo la visibilidad trasera. Este sistema de descapotado tuvo mucho éxito antaño pero había caído en el olvido al surgir nuevas formas de compensar la pérdida de rigidez provocada por la ausencia del techo, lo que permitía abrir completamente el habitáculo, más aún al entrar en boga los techos rígidos
retráctiles. Este mismo sistema lo presentó Citroen en el C3 Pluriel, aunque en este el toldo queda escondido dentro del maletero y los montantes pueden desmontarse si se desea. También tiene sus ventajas, y es que el volumen del portaequipajes, bastante reducido ya de por sí debido al pequeño tamaño del coche y a sus formas, no se ve afectado por el hecho de llevar el techo puesto o quitado, perdiendo solo 3 litros de capacidad con respecto del Fiat 500 de techo cerrado. Si cambia el acceso, pues deja de ser un portón para convertirse en una tapa, lo que dificulta la introducción de bultos grandes.
El tamaño del maletero no es un defecto, pues quien adquiere un modelo de estas características no piensa en el tamaño del portabultos. Si eso fuera preferente se inclinaría por un vehículo familiar. Los 182 litros de capacidad no son suficientes para transportar el equipaje de los 4 ocupantes que el 500C puede acoger en su interior si lo que se desea es realizar un viaje largo con pernoctación fuera de casa, pero sin embargo basta para introducir los bártulos necesarios para un día de playa con el añadido de que los 4 ocupantes del coche viajarán a cielo abierto.
Esto no significa que el 500C no pueda afrontar un viaje largo con total garantía. Cierto que los 69 Cv de su motor menos potente se pueden hacer algo cortos en caso de llevar algo de carga, pero nadie con un poco de sentido común va a pedirle a un coche así que nos plante de Barcelona a Madrid en 4 horas. Este es un coche para lucir, para ser admirado. Incluso los más pequeños, que seguramente jamás han visto un 500 antiguo, lo reconocen y se embelesan a su paso. El interior conjuga de nuevo el estilo retro y la funcionalidad de hoy. En el cuadro de instrumentos se ubica el velocímetro, que arquea toda la superficie del mismo, y en este se incluye el cuentarrevoluciones con una aguja concéntrica. Esto apelotona dos indicadores de vital importancia en conducción deportiva, y aunque conserva el mismo diseño que el antiguo 500, este carecía de cuentavueltas y no era
dificultoso de leer, cosa que en el moderno si lo es. Quizás sea una cuestión de acostumbrarse como en los coches que montan la instrumentación centrada. También puedo decir que este detalle no me tiraría atrás a la hora de adquirir esta preciosidad.
El resto del interior sigue el mismo diseño retro-actual, y aunque no destila la misma calidad de acabados que el Mini cabrio por ejemplo, estos rayan a gran altura, aunque tampoco estos dos coches son comparables por precio, MUY superior en el anglo-alemán. El equipamiento interior que ofrece el 500C es también superior al de todos sus rivales, con 7 airbags y anclajes isofix, ABS, distribuidor electrónico de frenado EBD, dirección asistida Dualdrive, luces diurnas, ordenador de viaje o volante multifunción de serie desde el modelo más económico. A esto se puede añadir el asistente para arranque en rampa, ESP, aire acondicionado, elementos de serie en el más potente de los 500C que restan en opción en algunos modelos inferiores. Las prácticamente infinitas posibilidades de personalización del 500C hacen que cada uno lo pueda configurar a su gusto, haciendo de su coche un espacio personal... con terraza. Tapizados de asientos, inscripciones varias, o incluso el llavero pueden ser escogidos. Y el equipamiento se puede completar con los faros de xenón, tapicería de piel, climatizador, sistema “Blue&Me”...
Cuando abandonamos el concesionario Turiauto tras pasar un agradable rato con el 500C, no podemos menos que andar mirando hacia atrás con una cierta envidia de quien lo conducirá. Del que saldrá por la puerta de entregas del concesionario montado sobre nuestro 500C que ha constatado firmemente, como suponía, que me tenía, y ahora aún más, completamente enamorado.

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