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Manuel Olivé Sans (1924 / 1995)
Manuel Olivé Sans fue hasta el fin de sus días considerado como uno de los mejores, si no el mejor, maquetista del mundo, y aun hoy conserva ese mismo estatus, habiendo dejado un legado de reproducciones de perfección absoluta tanto a nivel de detalle como en el escalado, formando cada una de sus miniaturas más de 4000 piezas, todas construidas a mano por el mismo Olivé, y alcanzando precios innombrables en el mercado del coleccionista exclusivo y llegando a decorar las vitrinas más acaudaladas del planeta.
Manuel Olivé Sans nacía en Barcelona el 9 de noviembre de 1924 fuertemente influenciado por su padre, modelista de trenes, del que seguirá la tradición a partir de los años 40, cuando decide dedicarse de forma profesional al modelismo.
Será durante 1945, en pleno servicio militar, cuando Manuel Olivé reproduce el primero de sus coches en miniatura, un coche a escala según el mismo fruto de su invención porque no se le ocurrió copiar ningún modelo determinado. Este modelo inició el andar por el mundo de los automóviles den miniatura para Manuel Olivé.
En 1948 el presidente del Real Automóvil Club de Catalunya, el RACC, propone a Olivé la realización de 40 automóviles a escala 1:20 que formarían una colección. Entre 1950 y 1964, Manuel construyó pieza a pieza unos 300 automóviles a escala 1:20 para todo tipo de coleccionistas y entidades de España y del extranjero, entre los que podían encontrase además de coches, camiones y motos. Olivé compartía además su pasión interviniendo en diversos medios escritos en los que publicaba artículos.
En 1960 vino el cambio de escala, pasando del 1:20 al 1:12, que reclamaba aún mayor detalle en su construcción, lo que no amilanó a Olivé que acumuló diversos premios en exposiciones internacionales de gran prestigio. En 1966, y por encargo del Centro Storico Fiat, realizó una reproducción a la inusual escala de 1:5 de un Fiat Balilla Coppa d'Oro.
Olivé reprodujo también diversas series de gramófonos saliéndose así de su línea automovilística habitual, pero conservando el mismo nivel de detalle. Son concretamente 5 reproducciones de los 5 gramófonos inventados por Thomas Edison con motivo de su centenario. Se realizaron 200 colecciones de las que una fue
directamente a parar a manos de S.M. la Reina Sofia, mientras el resto iban a parar a colecciones privadas y museos.
Por fin en 1986 subió un nuevo escalón pasando a construir sus réplicas ya en escala 1:10, donde el nivel de detalle se tornó sublime. Alrededor de 6000 piezas conformaban cada una de las 8 miniaturas que llegó a terminar en esta escala, cuyo trabajo representaba el máximo colofón en reproducción a escala, con una exactitud en formas y dimensiones nunca ofrecido por otro modelista. Trabajaba sin planos, por lo que para poder reproducir cada detalle tomaba medidas a la antigua usanza, como un sastre, a la par que cientos de fotografías terminaban de completar el proceso de información sobre el coche a reproducir.
Manuel Olivé Sans se construía cada pieza, chasis, frenos, motor, y carrocería, utilizando para ello los métodos más artesanales, el torno, el martillo, el soldador, dando forma a cada pieza que formaba parte de sus obras, solucionando con imaginación los escollos que se le interponían. Incluso se construía moldes y troqueles en los que estampaba los brazos
de suspensión, escudos de marcas o inscripciones de los relojes. En la reproducción, por ejemplo, del Ferrari Testarossa TRC500, las llantas Borrani, realizadas por el mismo, contaban con 72 radios cada una, y representaban un excepcional trabajo de perfección, tanto por eso como por los cubos de rueda, que tenían un diámetro de 5 mm con un círculo concéntrico de 3'25 mm en el que se podía ver el símbolo de su fabricante, una mano.
El latón era el material base de su trabajo, pero no era el único, pues cuero, tela, aluminio, madera, elementos más mundanos como el plástico o más especiales como la plata formaban parte de una u otra reproducción de Olivé. La plata sustituyó al aluminio pulido del capó del Napier Railton que Olivé reprodujo por su gran parecido. Muchos le decían que las piezas ocultas, que además solo se podían ver si el coche se desmontaba, igual no era necesario que las pusiera, pues nunca podrían ser observadas, a lo que Olivé respondía “Pero yo se que están ahí”. Da esto una idea del nivel de auto exigencia que se imponía este genial modelista.
De su última etapa, ya en 1:10, cabe destacar el Maserati Birdcage, cuyo bastidor multitubular está excepcionalmente resuelto respetando incluso la escala de cada tubo que conforma el chasis, montado con varillas de 7, 10, 12 y 15 décimas de mm. Este representó uno de los mayores retos para el maestro, sobre todo a nivel de resolución en las soldaduras, pues el calor dilataba las varillas y después, al enfriarse, regresaban a su posición dominando todo el chasis y retorciéndolo. Para poder solucionar el problema, Olivé trabajó con tubos más cortos, que una vez fríos quedaban en tensión pero a su medida exacta. Para concebir el chasis completo tuvo que imaginar en algún caso, pues no dispuso de planos y en las fotografías ciertas partes quedaban ocultas. Después vino la colocación del motor en medio del entramado tubular. “Como los dedos no me cabían lo he tenido que montar por partes”. Además, al estar el tablier separado de la carrocería, los relojes quedaban a la vista y los tuvo que reproducir, así como la parte de instalación eléctrica que quedaba a la vista.
El día 27 de abril de 1995, Manuel Olivé dejaba huérfano al mundo del maquetismo automovilístico al fallecer tras una larga enfermedad restando como la última de sus reproducciones terminadas el Aston Martin DB3 S que participó en Le Mans en 1955, y dejando a medio terminar algunos proyectos que se conservan en la fundación que lleva su nombre y que se fundó pocos meses después de su muerte por iniciativa de amigos, admiradores y clientes, y a través de la cual se da a conocer el gran trabajo realizado por este excepcional maquetista.
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