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NISSAN GT-R (2009 / 2011)

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La saga Skyline, que comenzaba en 1957, tuvo siempre en su modelo GT-R al más prestacional coche de la marca, y fue sumando representantes hasta que en 2009 aparecía su digno heredero aunque dejando arrinconado este mítico nombre y creando su propia leyenda, el Nissan GT-R.

Nissan GT-R por SUPERSLOT

Este modelo, que hizo su puesta de largo en el Salón de Tokio, rivaliza normalmente con coches que lo superan claramente en potencia, quedando indemne en muchas ocasiones y ridiculizando a sus adversarios con una relación prestaciones-precio que resulta inalcanzable en cualquier otro coche del mercado.

El motor del GT-R sorprende por su concepción estando ubicado en el segmento en el que está. Se trata de un 6 cilindros en V de 3'8 litros de cubicaje VR38 sobrealimentado mediante dos turbocompresores, cada uno de ellos trabajando sobre una fila de cilindros por lo que soplan para tres cada turbo, desarrollando una potencia de 473 Cv a 6400 rpm y un par máximo de 588 Nm que se mantiene constante entre las 3200 y 5200 rpm, lo que hace pensar en un elevado agrado de conducción sea cual sea el ritmo que se quiera imprimir al coche, pues la línea roja empieza en las 7000 rpm. A pesar de ello, el coche está homologado en Japón como un ULEV, Ultra Low Emission Vehicle o vehículo de emisiones ultra bajas.

La mecánica que equipa el GT-R es un prodigio de la tecnología. Cada propulsor que mueve a los GT-R se ensambla de forma manual en la planta que la marca dispone en Yokohama, por un solo operario desde el principio hasta el final del proceso y en una sala hermética en la que temperatura y presión están controlados para garantizar que todos los componentes se montan con la misma expansión térmica y sin partículas de polvo. Las tolerancias de fabricación de las piezas del motor son muy ajustadas. Cada cigüeñal es estudiado para proporcionarle el bloque que mejor se le adapte, al igual que los pistones, proceso que se realiza a mano, y los cilindros llevan un recubrimiento de plasma que disminuye la fricción aumentando su duración. Además, cada propulsor es probado antes de salir de la planta.

La caja de cambios GR6 de seis velocidades, que se monta en una planta similar a la de los motores, está equipada con doble embrague y se maneja desde unas levas que se sitúan tras el volante. Cuenta con tres modos de funcionamiento que varían la velocidad y efectividad del cambio según como el conductor quiera conducir. Estos modos son el “Comfort”, en el que los cambios se realizan con la menor brusquedad, el modo “Sport”, que cambia de velocidades en 0'5 segundos, y el más radical “R-Mode” en el que los cambios se realizan en solo 0'2 segundos y se prima por encima de todo la conducción deportiva. Estos mismos modos de funcionamiento, que se aplican desde el sistema “SetUp Switch” que se maneja desde el salpicadero, intervienen también en la respuesta de la suspensión, tarado de la dirección y del control de estabilidad VDC, haciendo del GT-R un coche apto para diario o radicalizando su comportamiento hasta hacer de el un verdadero misil.

El Nissan GT-R está equipado con tracción a las cuatro ruedas, aunque por su disposición mecánica, con el motor sobre el eje delantero y la caja de cambios en el trasero en disposición “Transaxle”, junto al diferencial de deslizamiento limitado, se ve obligado a recurrir a un sistema algo aparatoso. Monta dos árboles de transmisión, uno que va desde el motor (colocado en la parte delantera) a la caja de cambios (en la parte trasera) y otro que manda fuerza de nuevo a las ruedas delanteras desde la caja de cambios, generando un ir y venir del par desde delante a atrás y de vuelta delante. Hasta el momento no existe ningún coche que monte un sistema similar a este, y en Nissan se justifica esta disposición, con la caja de cambios cerca del eje trasero, argumentando que el reparto de pesos es más favorable.

La duplicidad de elementos en el esquema de transmisión penaliza claramente al GT-R en este aspecto, pues arroja a la balanza nada menos que 1740 Kg, superando claramente a coches de talante semejante equipados con tracción total, tengan donde tengan instalada la mecánica y ello a pesar de que en la carrocería se han empleado materiales como el aluminio y la fibra de carbono. Esta está recubierta con una doble capa de barniz que proporciona mayor resistencia a los arañazos menores. El Nissan GT-R se asienta obre una plataforma denominada “Midship Premium” construida en acero, aluminio y fibra de carbono buscando rigidez a la vez que ligereza. Puede obviamente equipar tracción total, y su particularidad es la de concentrar la mayor parte del peso en el centro, mejorando así el control del coche. El sistema de suspensión denominado “DampTronic” y desarrollado por Bilstein, controla permanentemente la dureza de los amortiguadores buscando optimizar el comportamiento del coche en las curvas y en momentos de frenado a través del análisis de los once parámetros que mide constantemente. Equipa un esquema de suspensión delantera de paralelogramo deformable mediante dobles brazos en aluminio mientras la trasera recurre a un esquema multibrazo también con los tiradores de aluminio y con amortiguadores y muelles en McPherson. El sistema de freno, desarrollado por Brembo, cuenta con pinzas monobloque de 6 pistones delante y de 4 detrás que muerden unos discos de 380 mm ocultos tras llantas de 20 pulgadas cuyo interior está dentado para evitar que los neumáticos en medidas 255/40 y 285/35 delante y detrás respectivamente giren sobre la llanta en momentos de máxima aceleración. Cabe decir que antes de salir de la planta de ensamblaje, en Togichi, cada coche es sometido a un test de 27 Km durante el que se le hace el rodaje, se adaptan pastillas, se comprueba el calibrado de suspensión y funcionamiento de turbos, etc, evitando en lo posible los fallos mecánicos a su entrega.

El Nissan GT-R ha sido uno de los elementos a batir por las marcas de superdeportivos. Solo en su primer año de vida se vio enfrentado a coches bastante más potentes como Ferrari, Porsches, Corvettes, e incluso a un Bugatti Veyron y alguna moto. En prácticamente ninguna comparativa de deportivos falta el Nissan GT-R, por lo que es lógico que los rivales de menor potencia son barridos de la pista por este monstruo, con una ferocidad tal que los japoneses lo han apodado “Godzilla” por la facilidad que tiene de “merendarse” a la mayor parte de sus rivales.

Presenta unas credenciales sorprendentes, con unas prestaciones dignas de mucha más potencia, con una velocidad máxima de nada menos que 308 Km/h y siendo capaz de acelerar de 0 a 100 Km/h en solo 3'5 segundos, y eso a pesar de que su elevado peso deja la relación peso-potencia en 3,68 Kg/Cv. Esto es gracias a que desde parado hasta los 50 Km/h, el sistema de tracción manda el 50% del par repartido entre los dos ejes, evitando así las pérdidas de tracción que ocasionan las salidas violentas. Una vez superada esa barrera, el par se transmite mayoritariamente al eje trasero proporcionando más impulso. Todo esto está controlado mediante el sistema un sistema que suma a los sensores habituales como el de velocidad del coche o el ángulo de giro del volante uno más que mide y compara el de giro real del coche al que le suma la fuerza G, repartiendo el par entre ejes de forma inmediata según necesidades y retrasando la entrada del VDC.

El Nissan GT-R rompe con las líneas habituales de los supercoches conocidos, conservando una línea de coupé más clásica, aunque no por ello menos efectiva. De hecho su carrocería presume de uno de los coeficientes de penetración aerodinámica más conseguido entre los coches de su nivel, esgrimiendo un magnífico 0'27 Cx, bajísimo para un coche que dispone de unas entradas de aire de semejante tamaño. A este resultado ayuda claramente el carenado de los bajos, que además proporcionan un mayor aislamiento acústico de la parte de rodadura del coche. El GT-R presenta unas medidas más bien tirando a grandes, con 4650 mm de largo por 1895 mm de ancho y 1370 de alto. Su aspecto es muy musculoso, con unos pasos de rueda abultados y un discreto pero efectivo alerón trasero, y en su zaga cuatro pilotos redondos coronan a las cuatro salidas de escape, todo agrupado por parejas. Su estética es, cuanto menos, personal, pero claramente inconfundible.

Otra particularidad del Nissan con respecto de muchos de sus rivales es que en su interior dispone de cuatro plazas, aunque en disposición 2+2. En las delanteras unos asientos envolventes se encargan de sujetar el cuerpo de los ocupantes mientras el cuadro de instrumentos formado por cuatro esferas con el cuentarrevoluciones como centro y el velocímetro a su izquierda, tarado hasta los 340 Km/h, proporcionan la información que requiere el piloto. A la derecha dos indicadores más, también redondos, indican nivel de combustible y temperatura del agua, y una quinta esfera nos dice la velocidad insertada. El resto de la información sale reflejada en una pequeña pantalla ubicada en el mismo cuentavueltas y en panel a parte en el que se muestran tantos parámetros que el piloto se puede ver desbordado, con mediciones como el ángulo de giro, la abertura de la mariposa de aceleración, la presión del pedal de freno o la recomendación para la marcha más adecuada en cada momento. Llama la atención la colocación de la llave, en el lado izquierdo como en los Porsche. Una vez girada la llave, el propulsor se pone en funcionamiento apretando un botón.

Se vende en tres niveles de equipamiento, GT-R, GT-R Premium Edition y GT-R Black Edition, aunque todos montan de serie la pantalla táctil en la que aparece el sistema de navegación Carwings, reproductor de CD, DVD y equipamiento Bluetooth además de un disco duro de 30 Gb y el equipo de sonido Bose con doble subwoofer. El equipamiento Black Edition se vende exclusivamente en color negro, tal como reza su nombre, e incluye una línea de escape modificada y llantas en titanio de 20 pulgadas, más ligeras. Todo ello a un precio de risa si se compara con sus rivales, pues el más barato de los Porsche 911, con 345 Cv, cuesta más de 96.000 € por poner un ejemplo, superando de mucho el precio del más alto de gama de los GT-R, el Black Edition, que pasa por poco de los 90.000 €.

El Nissan GT-R, “Godzilla” para los amigos, representa el máximo nivel en lo que a superdeportivos japoneses se refiere. Atrás quedan ya los Honda NSX, Toyota Supra o los mismos Nissan Skyline que poblaban las películas tuneras. Con este modelo nació un nuevo rey que además desafía la supremacía de las marcas más clásicas de su segmento, plantando cara en su propio terreno como es el anillo de Nurburgring, donde paró el cronometro en solo 7'38” superando el tiempo marcado por el Porsche 911 Turbo o el Corvette ZR-1.

 

 


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