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CHEVROLET Camaro (2ª generación 1970-1981)

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En 1970, solo tres años después del lanzamiento de la primera generación del Camaro, Chevrolet lanzaba una segunda generación mucho más longeva, pues se mantuvo en el mercado 11 años, hasta 1981.

Chevrolet Camaro Maurice Carter por SUPERSLOT

El nuevo coche saldría al mercado en contra de todas las predicciones que auguraban una pronta caída del mercado de los “pony car”, sufriendo para ello un radical rediseño exterior mucho mas acorde con la imagen que estaban adoptando los muscle car y, hay quien diría que europeizada.

El éxito fue inmediato y la respuesta del mercado no se hizo esperar. Con esta nueva imagen, eso sí, el Camaro perdería por el camino la carrocería descapotable dejando solo la posibilidad de coupé cerrado.
Los motores con los que apareció esta versión eran los mismos que montaba la anterior generación, el pequeño, de 6 cilindros en linea, que desarrollaba 155 Cv a 4200 rpm, y hasta 6 motores más, todos ellos de 8 cilindros en V y con un abanico de potencia que iba desde los 200 Cv del bloque 307 hasta los 375 Cv del 396 que montaba el modelo SS. Los motores de Chevrolet se nombraban por el cubicaje unitario, pero esto no era así en el más potente de los motores de la gama, pues aunque se le llamaba 396, en realidad desplazaba 402 c.c. Este era también el nombre del motor inmediatamente inferior, que desarrollaba 350 Cv de potencia, y se adoptó el mismo nombre en ambos propulsores dada la gran fama del motor 396.

Ya en 1971, pequeños cambios estéticos entraron en juego, pero debajo del motor sí hubo que aplicar grandes cambios, pues la obligación de la casa matriz, General Motors, de usar gasolina sin plomo redujo la potencia de los motores. Valga como ejemplo el Camaro Z28 que rebajaba la caballería desde los 360 hasta los 330 Cv. Esto era debido a que la relación de compresión de este motor, por ejemplo, se había reducido de 11 a 1 hasta 9 a 1, y a pesar de que GM obligaba a que esta no fuera mayor de 8’5 a 1, hizo la vista gorda con este coche. Así, aunque con potencias aún considerables, el motor más potente seguía siendo el 396 (402), con “solo” 300 Cv de potencia máxima frente a los 375 que desarrollaba anteriormente, dejando de ser así la planta de mayor caballaje de la gama y cediéndole este puesto al Z28.

En 1972, el Camaro se vio azotado por diversas causas que a punto estuvieron de quitarlo de la producción, como la huelga de 174 días en la planta de Ohio donde se construía o el tener que desechar más de 1100 unidades por no cumplir con la nueva reglamentación de parachoques al ser construidos demasiado tarde tras la huelga. Además se veía venir la crisis y muchos pedidos del Camaro eran cancelados. Por fortuna, alguien con la cabeza muy fría decidió que el Camaro debía seguir ahí, a pesar de que GM endurecía las exigencias en cuanto a ahorro de combustible y obligaba a reducir aún más las potencias de sus motores, siendo el SS350 el único que conservaría su potencia original de 300 Cv, superior incluso al 396 (402) que se quedaba en 240 Cv, y al Z28 que se plantaba en 255. Esto hacía prever que el 350 estaba a punto de dejar la producción, y así sería en 1973 en plena crisis del petróleo, cuando los propulsores SS, tanto el 350 como el 396 se dejarían de comercializar. Una nueva disminución de potencia y la reducción de motores dejaron al Z28 como estandarte de la gama, con el V8 de 245 Cv como máximo representante.

En 1974, el Camaro sufre un rediseño que le afila las líneas sin dejar de ser las suyas, y le coloca parachoques envolventes de aluminio en frente y trasera. Esta reinterpretación viene dada por la reglamentación federal de parachoques, que obliga a replantear las formas del Camaro. Estas se conservan en el año siguiente, en el que cae del mercado el Z28. Quedan solo tres propulsores para mover al Camaro, un 6 en linea de 105 Cv y dos V8 de 145 y 155 Cv respectivamente. Sin embargo, como siempre, el Camaro siguió vendiéndose sin problemas. En 1977 regresó el Z28 equipado con un 8 en V de 185 Cv de potencia y, por primera vez, se vendió más que su más duro competidor, el Mustang.

Pocos cambios recibiría ya el Camaro, a parte de las continuas fluctuaciones en cuanto a potencia de sus motores por culpa de las reglamentaciones de cada año. Nombrar el equipamiento especial que se desarrolló para el Z28 en 1978 quizás sea lo más relevante a la espera de que entrara en escena la tercera generación de este mito.





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