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Historia del Ford Mustang. El precedente

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Los pequeños roadster europeos dotados así mismo de mecánicas pequeñas, gustaban al otro lado del charco, como lo demostró el hecho de que muchos militares que habían luchado en la segunda guerra mundial en Europa regresaban a casa en aquellos diminutos, si se los comparaba con los coches americanos, deportivos descapotables de orígenes italiano o británico.

 

Precisamente por este motivo nació anteriormente el Ford Thunderbird, que fue la respuesta americana al gusto europeo por los deportivos de dos plazas, pero en los sesenta hacía falta algo más, un revulsivo. Lee Iacocca y Donald Frey se pusieron a trabajar en el proyecto T-5, un biplaza descapotable con el motor de un Ford Taunus alemán en disposición central y con una estética bastante similar al posterior Pontiac Fiero, pero había algo que no cuadraba en este diseño. El Thunderbird, de dos plazas, ya no era el deseo de los jóvenes, y Ford no estaba dispuesta a dejarse perder su trozo de pastel, por eso decidieron cambiar de concepto.

El nuevo coche de la marca se diseñaría teniendo en cuenta algunas premisas ineludibles: ser pequeño y ligero, llevar la palanca de cambios en el suelo, contar con un gran abanico de motorizaciones y, por encima de todo, disponer de cuatro plazas y crear el deseo de tenerlo en todas las personas que lo vieran, y es que Iacocca y Donald Frey vieron abrirse un gran mercado ante sus ojos por el simple hecho de colocar un asiento en la parte trasera del coche. En un principio sonó a broma, pero lo cierto era que si conseguían mejorar el concepto de roadster europeo, Ford se aseguraba un buen puñado de ventas, y la cosa pasaba, simplemente, por aumentar el número de plazas.

Con estas condiciones Lee Iacocca, en aquel momento vicepresidente de Ford, creó un grupo conocido como el “Comité Fairlane”, nombre que nada tiene que ver con el modelo que Ford produjo desde 1955, sino que hacía referencia al hotel en el que este grupo se reunió durante más de un año para sentar las bases y dar forma a un proyecto que en principio se iba a llamar Ford Cougar, y donde se determina además, que deberá contar con carrocería cerrada y descapotable. El resultado se trasladó a un modelo que se presentaba en forma de prototipo en 1962 exhibiendo ya el nombre de Mustang I Concept, aunque en un concepto más cercano a la competición que al que se podría aplicar a un coche de diario, y con unas formas que nada tendrían que ver con el futuro Mustang. El diseño salió de un concurso organizado por Iacocca a nivel interno de la Ford Motor Company, y sería un proyecto de David Ash, Halderman Gale y John Foster de la división Lincoln-Mercury el que resultaría elegido.

Se dice que el Mustang tomó el nombre de los aviones de la segunda guerra Mundial P-51 Mustang, de los que John Najjar, uno de los estilistas que dio forma al coche definitivo, era un gran conocedor y aficionado, aunque también se cuenta que sería Robert J.Eggert, gerente de la división de estudios de mercado de la marca y criador de caballos, el que lo pondría entre los posibles nombres a someter a estudio tras regalarle su esposa el libro de J. Frank Dobie “Los Mustangs”, barriendo en el estudio al resto de posibilidades.

El desarrollo del proyecto siguió adelante, pero las prisas de la marca por tener un coche que ofrecer al público dio al traste con las posibilidades de llevar a cabo la construcción de una plataforma específica para el Cougar, y es que el Mustang tardó solamente 18 meses en gestarse desde el principio, por lo que se siguió adelante con el proyecto pero sobre la base del Ford Falcon, del que se tomaban el chasis y la transmisión. Esto también abarataba en mucho los costes de producción y desarrollo, y disminuyó de forma considerable el tiempo de aprendizaje de los operarios de taller a la vez que permitía aprovechar el espacio de almacenaje con piezas comunes, y contribuyó a dejar el precio final del Mustang en solo 2368 dolares, una ganga para la época.

El futuro roadster americano de Ford fue objeto de muchas especulaciones, y se convirtió con el paso de los meses en uno de los coches más deseados del momento. De mantener la tensión sobre la presentación de este modelo se encargó Iacocca con una hábil maniobra de marketing, pues de modo muy inteligente, fue filtrando fotografías falsas antes de su presentación y anuncios en televisión para crear toda una serie de expectativas alrededor del futuro modelo de Ford.

Por fin el 9 de marzo de 1964 salía de Dearborn, Michigan, el primero de los Ford Mustang ya terminado y con rumbo a la Feria de Flushing Meadows, New York, para ser presentado en sociedad el 17 de abril de ese mismo año, y aunque en aquel momento nadie lo sabía, para convertirse en un mito de la historia del automóvil y en el segundo coche más producido de la marca con más de nueve millones de unidades puestas en circulación ininterrumpidamente desde aquel momento y hasta el día de hoy.

 


Ford Mustang I

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