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RILEY Daytona MK XI (2003 / 2007)

La Grand Am Rolex Series es una de las competiciones más populares e igualadas de EUA, con un reglamento pensado para promover el espectáculo en pista a la vez que los pilotos y escuderías luchan por ganar, y de sus participantes, uno de los ganadores habituales fue el Riley MK XI.
Riley MK XI "Pap Parts" '05 por FLY SLOT CARS
Pero esta competición tiene una particularidad relevante, y es que los equipos no pueden presentar coches completos, es decir, combinar un chasis y un motor, cerrando la puerta a cualquier intento de entrada de marcas oficiales que pudieran monopolizar el campeonato y asegurando la competitividad.
Gracias a esta particularidad, ni Riley, ni ninguna de las marcas está representada de forma oficial, pues sus vehículos se construyen solo para equipos privados, pero dominó la categoría en alas de las escuderías Chip Ganassi Racing o Sun Fiduciario Racing, que compartían el mismo vehículo pero equipado con distintos motores. Por si esto no es suficiente, chasis y motores son congelados durante cinco años, y es cada vez que se agota este periodo que la GARRA, el organismo regulador de esta competición, da cabida a los nuevos chasis y motores que podrán tomar parte en los siguientes cinco años. Esto significa que el chasis del MK XI, al igual que los de sus competidores, no recibe ningún tipo de evolución durante este tiempo, lo que contribuye sobremanera a reducir los costes.
El Riley MK XI fue uno de los representantes de la máxima categoría que toman parte en las Grand Am Rolex Series, la Daytona Prototypes (DP), que nacía en 2003 tras su primera participación en las 24 Horas de Daytona ese mismo año. El precio de este chasis con todos los componentes mecánicos pero sin motor era de unos 405.000 US$, un precio bastante económico para lo que acostumbran a ser estas categorías, y el propulsor lo buscaba y montaba el mismo cliente. Cualquier propulsor que equipara el Riley MK XI, y al igual que cualquier otro participante de esta categoría, debe cumplir con unas estrictas normas en cuanto a arquitectura y potencia. La primera norma y la más básica es que el propulsor debe venir de un motor fabricado en serie por uno de los fabricantes autorizados por el organismo regulador. SunTrust por ejemplo, equiparon al Riley MK XI con un motor Pontiac V8 de 5’0 litros y 500 Cv de potencia a 7100 rpm, potencia que por otro lado es el máximo que puede desarrollar una planta motriz que tome parte en esta categoría. Todos los propulsores, además, deben cubicar un máximo de 5.0 litros y están limitados en cuanto a rpm máximas, dimensiones de sistemas de admisión y escape y equipar una centralita electrónica común, dejando en manos de cada constructor detalles como el par o la entrega de la potencia. Fabricantes como Lexus, Ford o Porsche han tomado parte en esta disciplina como fabricantes y suministradores de motores.
Este chasis se vendía con una caja de cambios de 5 velocidades de manejo totalmente manual que proporcionaba la casa X-Trac, un cambio que había probado su fiabilidad en modelos de otros constructores como Doran Racing, aunque si el cliente lo pedía, se podía suministrar con un cambio de las mismas condiciones pero de la marca Emco. El bastidor cumplía un requisito que debe cumplir cualquiera que pretenda tomar parte en la Grand Am, y es que debía poder albergar los motores autorizados por la GARRA aunque siempre en disposición central. Por otro lado, y para favorecer la reducción de costes, el chasis está construido con una estructura tubular en acero sobre una base de aluminio que le da una gran rigidez mecánica, pues está prohibido el uso de resinas sintéticas como la fibra de carbono en su construcción por el mismo reglamento. Finalmente el peso del conjunto sin el propulsor pero con el resto de partes mecánicas montadas era de 907 Kg. En Riley optaron por una configuración de chasis con las ruedas situadas en las esquinas, algo que aportaba mayor estabilidad y un comportamiento más noble al representar una distancia entre ejes de 2794 mm. El sistema de suspensión del Riley MK XI resultaba muy efectivo, recurriendo a un esquema independiente de tipo “Push-Rod” con dobles brazos dispuestos en paralelogramo deformable en las cuatro ruedas. La dirección era asistida y de dureza variable mediante una bomba eléctrica, una solución adoptada para no robar potencia al propulsor al eximirlo del arrastre de la bomba, lo que además redundaba también en una mayor sencillez en el montaje y por lo tanto en su sustitución en caso de avería. El sistema de freno está formado por discos ventilados de acero, pues están expresamente prohibidos los carbocerámicos siguiendo con la misma política de costes finales reducidos y máxima igualdad entre coches, y en el Riley van mordidos por pinzas Alcon.
La carrocería que vestía al Riley MK XI era de tipo cerrado, pues desde 29003 están prohibidas las carrocerías con el cockpit abierto, y estaba construida en fibra de carbono en sus instalaciones y presentaba unas medidas de 4509 mm de longitud, 1996 mm y 1905 mm de ancho y alto respectivamente. En su diseño se buscó el máximo rendimiento aerodinámico que permitiera la reglamentación, estirando la parte trasera para conseguir un mayor apoyo junto al producido por el inmenso alerón que corona la zaga. En el frontal destaca el hecho de que las ópticas solo se colocan en el coche cuando es estrictamente necesario, pero si la carrera se va a disputar con luz solar suficiente, los equipos aligeran sus coches sustituyendo estos elementos por pegatinas que imitan a los faros. Estas pegatinas son distintas según el equipo, pues intentan imitar la forma de los de uno de los modelos de calle de su proveedor de motores, pero hay rasgos frontales comunes a todos los coches Riley MK XI, que son una toma frontal flanqueada por dos tomas circulares que refrigeran el sistema de freno. Los equipos, además de los faros, intentan colocar sobre la toma frontal una pegatina que realice la misma función que la que imita los faros.
En la temporada 2004, Riley se adjudicó el campeonato de constructores de la categoría Grand Am solo un año después de debutar en esta categoría gracias a las mencionadas escuderías, decantándose el de pilotos hacia el equipo Chip Ganassi Racing con el Riley-Lexus MK XI con solo diez puntos de diferencia con respecto del segundo clasificado, el equipo Sun Fiduciario Racing con un Riley-Pontiac MK XI, pero el triunfo en Daytona se resistió a pesar de hacer pole con uno de los coches propulsados por un motor Lexus y marcar la vuelta rápida con un motor Pontiac.
En el año 2005 llegó uno de los grandes y más deseados triunfos de Riley al imponerse en las 24 horas de Daytona, circuito que da nombre a la categoría y que representa la carrera más importante del calendario, gracias al equipo Suntrust Racing que cruzaría la meta en primera posición con un motor Pontiac sobre el MK XI. Con este triunfo empezaba la leyenda de Riley en las Grand Am Rolex Series al convertirse en el rey de Daytona, pues fue la primera de las cinco victorias consecutivas de Riley Technologies hasta 2009, año en el que volvía a imponerse aunque ya con el nuevo chasis que sustituyó al MK XI, el MK XX que estará vigente hasta 2012.
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