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DODGE Viper SRT-10 Roadster (2003)

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8285 c.c., 506 Cv d potencia, 712 Nm, 314 Km/h. Estas son las credenciales de presentación de este americano que bajo su largo capó delantero monta un inmenso V10, responsable de estos números. Se trata del Viper SRT-10 roadster.

Esta nueva versión ve la luz en 2003 recibiendo unos retoques estéticos que le afilan las formas y un repaso mecánico mínimo para mantenerlo en la élite mundial de los supercoches donde se mantiene a pesar de la concepción clásica de su propulsor.

El motor es un 10 cilindros en V de cubicaje desmesurado, pues son 8285 c.c., 8’3 litros los que menean a la máquina. Este propulsor no es ningún prodigio de ingeniería, vaya esto por delante, pues su culata es de 2 válvulas por cilindro con un árbol de levas en cabeza por bancada de cilindros. Aquí las cifras se consiguen a base de cilindrada, sin más ayudas. Y el resultado es una potencia de 510 Cv a solo 5600 rpm y una cifra de par que tira de espaldas: 725 Nm a 4200 rpm.

Con estos datos no es de extrañar que el Viper SRT-10 se catapulte hasta los 314 Km/h, acelere de 0 a 100 en solo 4’5 segundos o cubra el Kilómetro con salida parada en 23.8 segundos. Y todo esto sin más ayudas a la conducción que el sistema antibloqueo de frenos. No hay control de tracción ni de estabilidad. El otro ayudante lo tenemos en el eje trasero, encargado de pasar el giro del motor al suelo mediante unas gomas de medida 345/30 ZR 19, y en forma de diferencial autoblocante con sensor de velocidad. Por este motivo, buscarle las cosquillas al Viper puede poner en serios aprietos al osado que lo intente si no tiene conocimientos para controlar tanta cuadra.

Claro que, a todo esto, el depósito de esta bestia tiene 70 litros de capacidad, lo que unido al consumo que se le puede suponer a tal máquina obliga a visitar el surtidor con bastante asiduidad. Su autonomía media se cifra en unos escuetos 285 Km, y con las velocidades que es capaz de alcanzar el Viper, estos se pasan en un suspiro. El tremendo par que da este motor permite que la caja de cambios tenga unas relaciones largas y estas sean arrastradas sin inconveniente. Tal es así que en segunda velocidad se puede circular a ¡180 Km/h!. En sexta velocidad, el Viper se permite circular a 80 Km/h a 1000 rpm y estirarse después hasta las 5600 rpm, límite de giro del motor, para volar a más de 300 Km/h. Esta relación es larguísima en pos de disminuir un consumo de por sí muy elevado. La suspensión es rígida, y recuerda a su piloto que debe intentar esquivar las chinas de la calzada si quiere llegar con los riñones enteros al fin del desplazamiento.

En el interior, eso sí, el Viper denota algo más tecnología que bajo el capó, y sin ser algo de última generación, el motor se pone en marcha pulsando un botón. También dispone de aire acondicionado, algo imprescindible, pues si se rueda sin capota, el calor que emana de los tubos de escape, que discurren por debajo de las puertas y tienen la salida justo por delante de las ruedas traseras, es insoportable. Por cierto que la capota es de accionamiento manual y obliga a abrir el portón trasero tanto para ponerla como para quitarla. El puesto de conducción está pensado para divertirse con la máquina, no para pasear, y eso se nota al ver la cantidad de manómetros, termómetros y relojes varios de que está dotado. Y nada más. Bien, sí, también monta equipo de sonido, pero ¿Quién lo necesita?

Está claro el origen del Viper, pues prescinde de elementos que hasta los utilitarios europeos disponen de serie, como rueda de repuesto, ordenador de viaje o airbag laterales, pero como decíamos, el Viper no es un coche de paseo, y en realidad, tiene más de locura que de lógica, pero si alguien se lo puede permitir, tiene todo el derecho a estar un poco loco.

 


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